la dulce gota de amor, que cae
con mi lengua sedienta de tí.
Y que la mañana te despierte
con el trino de aquel ruiseñor,
libando cada poro de tu cuerpo.
Déjame beberlo gota a gota
hasta saciar la sed de mi alma
cuando tu amor al cielo invoca.
Déjame ver en el lindo cristal
de la dulce mirada de tus ojos
y en ellos descifrarte los antojos,
de un amor que se desgarra
detrás de tus labios ardientes
y así, calmar la sed de los míos.
Déjame tocar el rizo de tu pelo
y acariciarlo como si fuera la brisa
escurridiza entre tus crines.
Déja que sea yo,
quien de tus labios arranque
lo hermoso que hay en ellos.
Y entregarte en cada beso
aquel amor que tanto anhelas
envuelto en el dulce deseo de amar.
Déja...., déja que sea yo,
con el amor tierno y sincero
quien te ame, como Dios manda.





